Casi ninguna cuenta robada la tumba un hacker de película. La mayoría se pierden de una de tres formas: la persona usó la misma contraseña en todos lados, le dio clic a un enlace falso, o le pasó por teléfono un código de verificación a alguien que se hizo pasar por soporte.
Estas son las siete medidas que de verdad mueven la aguja, ordenadas de la que más sirve a la que menos.
1. Activa la verificación en dos pasos
Es lo más importante de esta lista. Aunque alguien tenga tu contraseña, sin el segundo paso no entra.
Todas las redes lo tienen en Configuración → Seguridad. Pero no todas las formas valen igual:
- Lo mejor: una app de autenticación (Google Authenticator, Microsoft Authenticator o similar). Genera un código nuevo cada 30 segundos en tu celular.
- Aceptable: por mensaje de texto. Es mejor que nada, pero se puede burlar si te clonan el chip.
Guarda los códigos de respaldo que te da la app cuando lo activas. Son tu llave de emergencia si pierdes el celular.
2. Nunca compartas un código de verificación. Nunca.
Esta merece su propio punto porque es la estafa más común que existe.
Te escribe alguien —a veces desde la cuenta de un amigo que ya cayó— diciendo que le llegó un código a tu número por error, o que es soporte técnico y necesita verificarte. En cuanto le pasas ese número de 6 dígitos, tu cuenta ya no es tuya.
Ninguna empresa te va a pedir tu código de verificación. Ni Facebook, ni WhatsApp, ni tu banco, ni por teléfono, ni por mensaje, ni por correo. Si alguien te lo pide, es una estafa, sin excepción.
3. Contraseña distinta en cada cuenta
Cuando a una tienda o a una página le roban su base de datos, esas contraseñas terminan en listas que circulan por internet. Los ladrones después las prueban una por una en todos lados. Si usas la misma contraseña en tu correo y en una tienda cualquiera, el día que roben a la tienda pierdes también el correo.
Nadie puede memorizar 40 contraseñas distintas, y no tienes que hacerlo: usa un gestor de contraseñas. Bitwarden es gratis y bueno; los navegadores también traen uno incluido. Tú te aprendes una sola contraseña larga, y el gestor guarda las demás.
4. Revisa quién está dentro de tu cuenta ahora mismo
Todas las redes tienen una sección de sesiones activas o dónde iniciaste sesión. Ahí ves cada dispositivo conectado a tu cuenta y desde qué ciudad.
Entra hoy. Si ves un teléfono o una ciudad que no reconoces, ciérralo y cambia tu contraseña de inmediato. Mucha gente lleva meses con alguien metido en su cuenta y ni cuenta se da.
5. Ten al día tu correo y teléfono de recuperación
El día que pierdas el acceso, recuperar la cuenta depende completamente de esto. Si tu correo de recuperación es uno viejo que ya no abres, o un teléfono que ya no usas, recuperar la cuenta se vuelve casi imposible.
Revísalo ahora, mientras todo está bien. Cuando ya te hackearon, es tarde.
6. Limpia las apps conectadas
Cada vez que entraste a un sitio con el botón de "iniciar sesión con Facebook" o "con Google", le diste permisos a ese sitio. Muchos siguen ahí años después, y si a esa app la hackean, entran a tu cuenta por esa puerta.
Busca Aplicaciones y sitios web en la configuración de cada red y quita todo lo que ya no uses.
7. Entra escribiendo la dirección, no por enlaces
La forma más común de robar una contraseña es una página idéntica a la real. Te llega un mensaje de "tu cuenta será suspendida", le das clic, ves la pantalla de siempre, escribes tu contraseña... y se la acabas de dar al ladrón.
Si te llega una alerta, no le des clic. Abre la app o escribe tú la dirección en el navegador. Si la alerta era real, ahí va a estar.
Si ya te hackearon, haz esto en este orden
- Recupera primero tu correo, no la red social. El correo es la llave maestra: si el ladrón lo controla, puede volver a tomar todo lo demás.
- Cierra todas las sesiones desde la configuración de seguridad.
- Cambia la contraseña y activa la verificación en dos pasos si no la tenías.
- Revisa el correo y el teléfono de recuperación: el ladrón casi siempre los cambia por los suyos.
- Avisa a tus contactos. Desde tu cuenta van a intentar estafar a tu familia y a tus amigos, normalmente pidiendo dinero prestado o mandando ese mismo código.